Hace aproximadamente dos semanas en una ciudad del Medio Oriente, dos pastores pertenecientes a Assembly of Loving God que traducido es Asamblea del Dios Amoroso (iglesia clandestina) decidieron valientemente compartir el amor de Dios mediante palabras y buenas obras con musulmanes árabes locales.

Al obtener buenos resultados del trabajo que estaban realizando, estos líderes junto con sus propias familias, dedicaron su tiempo para reunirse regularmente con un grupo de 50 ex musulmanes para orar, adorar y enseñarles más sobre su nueva y viva fe.

Al parecer, uno de los vecinos se dio cuenta de lo que sucedía e informó al imán de la mezquita local quién reunió un grupo de personas enojadas y armadas para atacar brutalmente a los pastores, los llevaron a  su mezquita, los ataron a un pilar y siguieron golpeándolos para hacerlos volver al islam pero estos rechazaron sus apelaciones diciendo: “Jesús es nuestro Señor y Salvador”. Él nos salvó del pecado y la muerte que conocimos y experimentamos en nuestras propias vidas. Ahora somos nuevas creaciones en él. Puedes matar nuestra carne, pero tendremos una vida eterna con nuestro Salvador en el cielo. Por lo tanto, nunca perderemos nuestra fe en Jesús, sin importar lo que suceda”.

Tras varios días consecutivos de tortura, estos pastores fueron entregados a un grupo terrorista pero al ver que todos sus intentos eran fallidos decidieron castigarlos con la muerte.

Atando las manos y las piernas  de los hombres a sus espaldas, los sacaron a un área abierta. Con dos hombres parados detrás de los pastores arrodillados, los asesinos intentaron cubrir los rostros de los cristianos, pero alguien les dijo que no lo hicieran porque querían ver y experimentar aún más miedo mientras eran ejecutados.

En vez de esto, los pastores alzaron su mirada al cielo, para mirar a su Señor, y un aire refrescante invadió el lugar ¡Dentro una nube vieron a Jesús sentado en un trono! Miles de ángeles lo rodeaban. Estos pastores comenzaron a alabar al Señor con alegría y entusiasmo porque sabían que él estaba allí con ellos.

Los asesinos blandieron sus cuchillos sobre los cuellos de los hombres. Pero mientras se preparaban para derribar las cuchillas, algo sorprendente sucedió pues tanto ellos como sus armas cayeron al suelo y rayos de fuego que emanaban de Jesús descendían a través de la nube hacia los testigos de la ejecución.

El miedo se apoderó de los espectadores cuando escucharon a los pastores alabando a su Señor en voz alta, y solo se intensificaron mientras observaban a los aspirantes a asesinos caer, indefensos y desarmados. Vencidos por el terror y el calor ahora extremo, la multitud huyó. Las piernas y manos de los pastores fueron soltadas. Sin embargo, en lugar de levantarse, permanecieron de rodillas, alabando y agradeciendo a su poderoso Salvador.

Después de un tiempo aparecieron dos ángeles, quienes vinieron a levantar a los valientes pastores.

Este hecho sorprendente es prueba del poder y soberanía de Dios. Él hace lo que quiere, con quién quiere, cómo quiere y dónde quiere. Pero sea que Dios permita la vida o la muerte, sus hijos son sus hijos y nadie los arrebatará de su mano.